Estar a solas

Muchas veces escribo sobre la importancia de estar a solas, de disfrutar ese periodo de vida en el que tú eres la primera persona en tu vida. Tendemos a relacionar “estar a solas” con “estar soltera” y peor aun, lo confundimos con “estar en soledad”. Al decir que estamos a solas, no me refiero sólo a no tener pareja, sino de verdad estar sin nadie, vivir sola o independiente de la familia, ser una persona que se preocupa por sí misma, responsable de sus actos, y principalmente, que se conoce y está en camino de saber lo que quiere en la vida.

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Hace unos días, en la madrugada, me despertó un gran dolor de estómago y escalofríos terribles, tenía temperatura. Mi primer y sincero pensamiento fue “mierda, y ahora ¿qué hago?”. Mi compañera de piso estaba de viaje, justo ese fin de semana no tenía ni pollo para hacerme una sopa, estaba sintiendome terrible, sola en mi cama, sola en mi casa. No es que no tenga amigos en la ciudad, pero no creo que sea una buena idea despertar a alguien a las 3 a.m. No estaba mi mamá para que me haga un té, ni mi papá para que me traiga una colcha más, o por último mi hermano para que me diga que exagero y soy una enferma imaginaria.

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Fue en ese día que reflexioné, que estoy sola, no sólo en un sentido amoroso, sino físicamente estoy sola, vivo sola, soy independiente y consecuente de mis actos, ¡y me encanta! Pasamos los días contando cuánto tiempo estamos solos, refiriéndonos al tiempo que estamos solteros, pero no pensamos ¿cuánto tiempo estamos solos de verdad? Yo recién tengo diez meses de independencia, diez meses en los que tengo que pensar qué voy a comer, decidir si compro queso o huevos, si me compro ese bello par de zapatos o ahorro para la cuenta del internet que tengo que pagar el mes que viene. Quiero aprovechar estos momentos, porque se van a acabar, llegará un momento en el que tenga que compartir decisiones con otra persona. Estoy en la búsqueda de un estilo de vida, de saber quién soy y qué quiero, ¿cómo voy a compartir mi espacio con otra persona si aun no sé los límites de este? Si bien hay muchas personas que nunca pasan tiempo a solas y les va genial, yo quiero experimentar un rato más este momento. Creo que cada época tiene algo de increíble y nunca logro decidir cuál es el mejor año de mi vida, pero dicen por ahí que los mejores años de la vida son entre los 25 y 35, así que yo recién estoy empezando. Definitivamente no estoy en soledad, vivo rodeada de gente que me quiere y se preocupa por mi, así no esten físicamente cerca. Estoy soltera sí, y también estoy sola, conmigo misma y conociéndome cada día un poquito más.

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Lo que me dejó este 2014

Creo que todos los años son importantes. En todos aprendemos algo, en el ’90 nací, en el ’91 aprendí a caminar, y así puedo seguir mencionando muchas cosas que aprendí cada año. Entonces diré lo que aprendí en el 2014, entre muchas cosas que viví este año, reafirmé con mis propias experiencias una frase que escuché siempre y nunca creí 100% cierta, ahora sé que lo es: “la felicidad depende de uno mismo”. Este pasado año aprendí eso, que mi felicidad no depende de nada ni nadie.

La idea no es sonar egoísta, por supuesto que hay muchas personas importantes en mi vida; la reflexión de este año va más allá de eso. Tuve la oportunidad de viajar a un país donde no me sentía ni extranjera ni ciudadana al 100%, todo era muy extraño al comienzo, por primera vez estaba completamente sola. Y no triste, abandonada y sola, sino tranquila, libre y sola. Primero lloras, no sabes que hacer, quieres hablar con alguien, pero las horas de diferencia no te ayudan a utilizar el skype tanto como deseas. Aparte no quieres que tu familia y amigos sepan que no la estás pasando muy bien; quieres que todos crean que eres feliz al 200%. Pero luego se cumple una primera reflexión, “no hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo soporte”. Es cierto pues a los días de estar sola, empiezas a disfrutarlo. Tienes tiempo para ver esa película que no habías podido terminar, leer un libro, hacer las tareas de la universidad con toda la paciencia del mundo, apagar el teléfono y dormir 13 horas seguidas. Hay momentos en que claro, vuelves al estado “estoy sola, odio estar sola”, pero esos lapsos de tiempo son más cortos, hasta que desaparecen. Es en ese momento en el que la luz entra por tu mente y te das cuenta que has aprendido a gustarte a ti misma, has hecho la paz con tu incontrolable alma, estás conociéndote pasito a pasito.

¿Qué tiene que ver estar sola con que “la felicidad depende de uno mismo”? Ahora sí, a lo que voy. Este año aprendí que cuánto más entiendo quién yo soy y mi perspectiva del mundo, más fácil se me hace disfrutar de cada cosa que pasa en mi vida, cada detalle, cada momento. Poco a poco dejas de depender de algo o alguien para divertirte, para ser feliz, pues hallas alegría en cada pequeña cosa que te rodea. Puede ser genial ir a una fiesta con tu mejor amiga y bailar hasta el amanecer, así como ir a tomar un café en compañía de un buen libro. Disfrutas tanto de caminar por la playa escuchando música, como de ir a un concierto multitudinario. Ves que todos tus amigos pasan San Valentín con sus novios o novias, tú lo pasas comiendo hamburguesas con tu familia, y está bien, eres feliz. Tus expectativas cambian, pues una vez que valoras la compañía de tu alma, también empiezas a valorar más la compañía de quienes te quieren. Así también tienes la valentía de aceptar que los verdaderos amigos son pocos, que no necesitas asistir a todos los eventos que te invitan para sentirte importante o querida, y llegas a entender por fin lo que muchas veces decías sólo de la boca para afuera: la felicidad está en uno mismo, depende de ti.

Gracias 2014 por enseñarme la más grande lección de todas. Con esta nueva perspectiva de la vida, 2015 sorpréndeme.