El encanto de viajar sola

Hace dos días regresé de uno de los mejores viajes de mi vida, un trayecto que había estado esperando años por hacer y por fin lo logré. Desde Zagreb partí a Venecia, luego hice una parada de unas cuantas horas en Padua, seguí mi recorrido hacia Verona y terminé a lo que Italia se refiere en Rimini. Luego seguí en barco desde Ancona hasta Zadar, una ciudad en la costa de Croacia, visité las islas de Korcula (que es un parque nacional) y terminé descansando cuatro días en Silba, una isla que no tiene carros ni bicicletas, y donde van a encontrar el agua más turquesa e increíble del mundo. No se necesitan filtros de instagram en ni una foto. Cuando tu plan es coger una mochila, tu cámara de fotos y viajar sin guía profesional, las cosas salen mejor de lo que esperas.

#1 Te vuelves más segura de ti misma
Es lo mejor de estar en un lugar desconocido y sola, sí o sí te vuelves más segura. No hay guía que te diga por donde ir y no ir, sólo tienes la información de internet, los lugares que quieres visitar y unas ganas inmensas de verlo todo. Aprendes que dependes de ti misma, tomas tus propias decisiones y lo conoces todo.

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#2 Aprendes mucho más de ti al salir de tu zona de comfort
Puedes vivir con tu familia, amigos, pareja o puedes vivir sola, sea la situación que sea estás en una relativa zona de comfort. Viajar sola es obligarte a salir de esa zona, romper tus propias barreras y límites mentales, aprendes más de ti misma, de las cosas que quieres y no. Aprendes a diferenciar lo que para ti está bien y está mal, y te sorprendes del gran y fuerte carácter que puedes llegar a tener.

#3 Conoces personas increíbles
Puedes conocer personas que como tú viajan solas, o conoces grupos de extranjeros o locales. El mundo da tantas vueltas, la vida nos tiene guardadas tantas sorpresas que no vas a creer toda la gente que vas a llegar a conocer. Cuando estas sola y quieres socializar tu única opción es hacer nuevos amigos. El destino pone en tu camino a las personas adecuadas, en el momento y lugar correcto, sólo debemos abrir los ojkos y el corazón para dejarlas entrar en nuestras vidas.

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#4 Ves el mundo a tu manera
¿Quieres perderte por las calles? ¿Prefieres pasar horas en un museo? ¿Te gusta levantarte tarde? Tú tomas todas las decisiones de este viaje. Hay muchas formas de conocer una ciudad, con todo planeado o yendo a la deriva, no hay forma correcta o incorrecta, es sólo tu manera de hacer las cosas.

#5 Eres más linda, loca y libre
Como me dijo mi prima hace unos días, estas son las experiencias 3L que tenemos que vivir y luego contar. Viajar sola, perderte, asustarte porque no encuentras el tren correcto, hablar con extraños, comunicarte con señas cuando nadie habla ninguno de tus idiomas…todo eso te hace más linda de alma, loca de espíritu y libre de mente, cuerpo y prejuicios.

Este viaje lo hice en parte sola, en parte acompañada y terminé con el mejor grupo amigos que pude imaginar. No negaré que al comienzo da miedo, sobretodo porque la primera pregunta que quien sea te hace es “¿solita? ¿no te da miedo?” y tu cabeza esta entre “sí, pero tengo las agallas” y “no, yo puedo sola”. Y cuando encuentras la verdadera respuesta te retas a ti misma a coger tu maleta y sales por la puerta, con la cabeza llena de ideas y sin mirar atrás. Te mereces ese viaje, esa oportunidad de hacer lo que tú quieras, ir a donde desees, hablar con quien sea. Te aseguro que cuando regreses no serás la misma, serás una versión más linda, loca y libre de ti misma. 

PD: Y por las fotos ni te preocupes, siempre hay personas dispuestas a tomarte varias y sino, existe el timer y el selfie stick.

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Lo que me dejó este 2014

Creo que todos los años son importantes. En todos aprendemos algo, en el ’90 nací, en el ’91 aprendí a caminar, y así puedo seguir mencionando muchas cosas que aprendí cada año. Entonces diré lo que aprendí en el 2014, entre muchas cosas que viví este año, reafirmé con mis propias experiencias una frase que escuché siempre y nunca creí 100% cierta, ahora sé que lo es: “la felicidad depende de uno mismo”. Este pasado año aprendí eso, que mi felicidad no depende de nada ni nadie.

La idea no es sonar egoísta, por supuesto que hay muchas personas importantes en mi vida; la reflexión de este año va más allá de eso. Tuve la oportunidad de viajar a un país donde no me sentía ni extranjera ni ciudadana al 100%, todo era muy extraño al comienzo, por primera vez estaba completamente sola. Y no triste, abandonada y sola, sino tranquila, libre y sola. Primero lloras, no sabes que hacer, quieres hablar con alguien, pero las horas de diferencia no te ayudan a utilizar el skype tanto como deseas. Aparte no quieres que tu familia y amigos sepan que no la estás pasando muy bien; quieres que todos crean que eres feliz al 200%. Pero luego se cumple una primera reflexión, “no hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo soporte”. Es cierto pues a los días de estar sola, empiezas a disfrutarlo. Tienes tiempo para ver esa película que no habías podido terminar, leer un libro, hacer las tareas de la universidad con toda la paciencia del mundo, apagar el teléfono y dormir 13 horas seguidas. Hay momentos en que claro, vuelves al estado “estoy sola, odio estar sola”, pero esos lapsos de tiempo son más cortos, hasta que desaparecen. Es en ese momento en el que la luz entra por tu mente y te das cuenta que has aprendido a gustarte a ti misma, has hecho la paz con tu incontrolable alma, estás conociéndote pasito a pasito.

¿Qué tiene que ver estar sola con que “la felicidad depende de uno mismo”? Ahora sí, a lo que voy. Este año aprendí que cuánto más entiendo quién yo soy y mi perspectiva del mundo, más fácil se me hace disfrutar de cada cosa que pasa en mi vida, cada detalle, cada momento. Poco a poco dejas de depender de algo o alguien para divertirte, para ser feliz, pues hallas alegría en cada pequeña cosa que te rodea. Puede ser genial ir a una fiesta con tu mejor amiga y bailar hasta el amanecer, así como ir a tomar un café en compañía de un buen libro. Disfrutas tanto de caminar por la playa escuchando música, como de ir a un concierto multitudinario. Ves que todos tus amigos pasan San Valentín con sus novios o novias, tú lo pasas comiendo hamburguesas con tu familia, y está bien, eres feliz. Tus expectativas cambian, pues una vez que valoras la compañía de tu alma, también empiezas a valorar más la compañía de quienes te quieren. Así también tienes la valentía de aceptar que los verdaderos amigos son pocos, que no necesitas asistir a todos los eventos que te invitan para sentirte importante o querida, y llegas a entender por fin lo que muchas veces decías sólo de la boca para afuera: la felicidad está en uno mismo, depende de ti.

Gracias 2014 por enseñarme la más grande lección de todas. Con esta nueva perspectiva de la vida, 2015 sorpréndeme.