Lo que me dejó este 2014

Creo que todos los años son importantes. En todos aprendemos algo, en el ’90 nací, en el ’91 aprendí a caminar, y así puedo seguir mencionando muchas cosas que aprendí cada año. Entonces diré lo que aprendí en el 2014, entre muchas cosas que viví este año, reafirmé con mis propias experiencias una frase que escuché siempre y nunca creí 100% cierta, ahora sé que lo es: “la felicidad depende de uno mismo”. Este pasado año aprendí eso, que mi felicidad no depende de nada ni nadie.

La idea no es sonar egoísta, por supuesto que hay muchas personas importantes en mi vida; la reflexión de este año va más allá de eso. Tuve la oportunidad de viajar a un país donde no me sentía ni extranjera ni ciudadana al 100%, todo era muy extraño al comienzo, por primera vez estaba completamente sola. Y no triste, abandonada y sola, sino tranquila, libre y sola. Primero lloras, no sabes que hacer, quieres hablar con alguien, pero las horas de diferencia no te ayudan a utilizar el skype tanto como deseas. Aparte no quieres que tu familia y amigos sepan que no la estás pasando muy bien; quieres que todos crean que eres feliz al 200%. Pero luego se cumple una primera reflexión, “no hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo soporte”. Es cierto pues a los días de estar sola, empiezas a disfrutarlo. Tienes tiempo para ver esa película que no habías podido terminar, leer un libro, hacer las tareas de la universidad con toda la paciencia del mundo, apagar el teléfono y dormir 13 horas seguidas. Hay momentos en que claro, vuelves al estado “estoy sola, odio estar sola”, pero esos lapsos de tiempo son más cortos, hasta que desaparecen. Es en ese momento en el que la luz entra por tu mente y te das cuenta que has aprendido a gustarte a ti misma, has hecho la paz con tu incontrolable alma, estás conociéndote pasito a pasito.

¿Qué tiene que ver estar sola con que “la felicidad depende de uno mismo”? Ahora sí, a lo que voy. Este año aprendí que cuánto más entiendo quién yo soy y mi perspectiva del mundo, más fácil se me hace disfrutar de cada cosa que pasa en mi vida, cada detalle, cada momento. Poco a poco dejas de depender de algo o alguien para divertirte, para ser feliz, pues hallas alegría en cada pequeña cosa que te rodea. Puede ser genial ir a una fiesta con tu mejor amiga y bailar hasta el amanecer, así como ir a tomar un café en compañía de un buen libro. Disfrutas tanto de caminar por la playa escuchando música, como de ir a un concierto multitudinario. Ves que todos tus amigos pasan San Valentín con sus novios o novias, tú lo pasas comiendo hamburguesas con tu familia, y está bien, eres feliz. Tus expectativas cambian, pues una vez que valoras la compañía de tu alma, también empiezas a valorar más la compañía de quienes te quieren. Así también tienes la valentía de aceptar que los verdaderos amigos son pocos, que no necesitas asistir a todos los eventos que te invitan para sentirte importante o querida, y llegas a entender por fin lo que muchas veces decías sólo de la boca para afuera: la felicidad está en uno mismo, depende de ti.

Gracias 2014 por enseñarme la más grande lección de todas. Con esta nueva perspectiva de la vida, 2015 sorpréndeme.

Carta a un(a) hermano(a)

Querido(a) hermano(a):

¿Sabes qué? Lo primero que diré es que agradezco a Dios por haberte puesto en mi vida. Tal vez no nos una la misma sangre, o tal vez sí o a medias, pero somos herman@s, de eso no hay duda. Crecimos lado a lado, jugamos todas las tardes, primero eras mi pequeñ@ herman@, ahora eres más grande que yo, y la diferencia de edad ya ni se nota.

Quiero que sepas que siempre serás quien todo lo puede y todo lo logra. Una de las pocas personas que logra alegrar mi día con cada chiste, cada broma o comentario inadecuado. Quiero que recuerdes que la vida está hecha de pequeños momentos, de cada memoria que tu corazón puede guardar. No todo es contable, la felicidad no se puede medir, sólo se puede sentir. Muchas veces la felicidad no va a estar reflejada en la nota de un examen sino en las tonterías que hiciste la noche anterior, cuando te negabas a estudiar. Quiero que me prometas que siempre vas a ser tú, sin importar lo que otros piensen, no vas a dejar que pisoteen tu forma de pensar, de ver la vida, de andar en el camino. Quiero pedirte que no te encierres en una sólo forma de ver la vida, porque no todo es blanco o negro, hay muchos matices, y hay oportunidades increíbles cuando las cosas salen de nuestras manos y simplemente nos dejamos llevar. Quiero, principalmente, que nunca pierdas el brillo de tus ojos cuando hablas de las cosas que amas hacer. Esas pasiones que hacen que seas tú, que te hacen únic@. Nunca dejes de creer, de soñar, de dar y amar sin importar recibir. Quiero que confíes que todo pasa por algo, y que muchas veces debemos aprender de ese “algo”.

Quiero que sepas que está bien llorar, limpiar el alma, voltear la página y empezar de nuevo. Pero empezar de cero, aprendiendo de los errores y creciendo un poquito más después de cada caída. Quiero que te aloques, que te pierdas en el camino, porque es la única forma de regresar y saber poco a poco lo que está bien y lo que está mal. Quiero que te arriesgues a seguir tus instintos, hay razones que sólo el corazón puede entender, hay decisiones en las que la razón no se debe meter. Quiero que no te olvides de Dios, Él siempre está ahí para ti, conversa con Él, te escuchará y dará paz a tu alma. Quiero que siempre sonrías, que cada vez que mires hacia atrás, veas que todo lo que has llorado y reído, lo que has vivido y amado, todo te ha hecho más fuerte, te ha formado y convertido en quien eres hoy. Quiero que nunca dejemos de tener esas conversaciones raras, en las que me hablas de escribir pintando, que cada quien tiene su forma de expresarse; esas conversaciones que salen del alma y quedan para siempre. Quiero que abras tus alas y vueles, un poquito siguiendo el mapa, y luego des unas vueltas, que te caigas y te levantes y sigas adelante. Quiero que te desesperes cuando no sepas por qué pasa algo, para que luego recuerdes que los puntos se unen mirando hacia atrás, puede que ahora no entiendas lo que pasa, pero después lo harás, y te darás cuenta que todo tenía un porque.

Quiero que recuerdes que te amo mucho, que nunca cambiaría tu presencia en mi vida por nada del mundo y que Dios sabía lo que hacía cuando nos juntó en el mismo camino. El mundo necesita de nuestras locuras y risas. Gracias por alegrar mi vida, gracias por demostrarme tu amistad, gracias por preocuparte por mí, gracias por resondrarme, gracias por enojarte, gracias por quererme, gracias por ser tú.