El arte de no hacer nada

He de admitir que si bien no soy una adicta al trabajo, sí soy adicta a ocupar todo mi tiempo, hasta el punto que hay días que sólo llego a dormir. Los días que no trabajo siempre ando metida en algo, si no son clases de canto son ensayos de teatro, y si no es ninguno de ellos ando en mi casa buscando qué hacer, escribir, ensayar más, estudiar, etc. Si bien mi cuerpo muchas veces me ha puesto un “hasta aquí” y me ha hecho tener fiebre y pasar malos ratos, la verdad es que hace tiempo que felizmente ando bien de salud.

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Aun así hace semanas que venía esperando con ansias mis vacaciones en la playa. Si bien siempre utilizo mis vacaciones para ir a lugares nuevos, pasarme los días caminando y conociendo, esta ha sido la primera vez en años que he ido a un lugar a no hacer, literalmente, nada. Llegué a Zadar, una ciudad en la costa de Croacia, un lunes en la tarde, y dediqué sólo unas horas a pasear por la ciudad. Luego me instalé en casa de mi amiga y los siguientes días se resumieron en despertarme, tomar café, ir a la playa, leer, tomar otro café y dormir. Aprendí a no hacer nada, y de verdad que lo disfruté.

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Creo que todos debemos en nuestra vida aprender a relajarnos y dejar que las cosas fluyan. No esperar a que nuestro cuerpo nos pida un respiro físicamente, no arriesgar nuestra salud, sino darle la oportunidad, a nuestra mente también, de descansar en totalidad. Estar en paz, tratar de desconectarse en lo posible del internet y las redes sociales, y conectarse con uno mismo. Dejar la energía negativa atrás, recuperar las fuerzas para seguir luchando por lo que queremos, darnos un merecido descanso, tomar un respiro y seguir avanzando.

Soy una persona muy activa, para mí el decir “no tengo tiempo” no es una excusa, pues siempre encuentro un huequito en mi horario para hacer todo lo que me gusta. Pero de verdad que se siente muy bien despertarse por cinco días y saber que tu única tarea del día es ir a tomar sol.

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La mejor cita de mi vida

Hoy me esperaba un gran día, un día genial. En la noche tenía una cita, mi primera cita oficial, había estado esperando este día con muchas ansias y por fin había llegado.Salí del trabajo a las 3:30 p.m. y regresé caminando. Sólo pensaba en todo lo que tenía que hacer antes de mi cita. Llegué a casa, preparé una comida rápida mientras bailaba en la cocina “Man! I feel like a woman”, almorcé acompañada de una copa de vino y uno de mis capítulos favoritos de Friends. Luego decidí tomar un baño, no una ducha rápida, sino un baño en la tina, con espuma, velas, música y otra copa de vino. Renové todas mis energías para esta noche. Me maquillé de nuevo, elegí llevar mis rizos sueltos y me puse mi vestido favorito. Con una sonrisa en el rostro salí de casa, camino a mi restaurante favorito.

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– Buenas noches señorita, ¿mesa para cuántas personas?
– Para una.

Así es, mesa para una. No, no me dejaron plantada antes de llegar al restaurante. Hoy tenía una cita con una persona muy divertida y genial, con alguien que es una excelente compañía, sea conversando o en silencio, hoy tenía una cita conmigo. Hoy me arreglé y maquillé para mí, porque me divierto con ello. Salí sola porque de vez en cuando necesito estar conmigo misma, escuchar mis propios pensamientos, ver a la gente pasar, encontrarme. Y me alegra saber que es algo que siempre haré, porque todos necesitamos un tiempo a solas. Todos necesitamos saber quién somos, qué nos gusta hacer, descubrir un nuevo lugar en la ciudad, saber cuál es nuestro café y cocktail favorito.

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Sé que muchos pensarán que ando en soledad…y no, tengo muchas personas alrededor con quien conversar y salir, pero un momento a solas es algo que ha pasado de ser una casualidad a ser una necesidad. Tal vez no a todos le funcione, no todos lo entiendan, pero a mí me va de maravilla. Las situaciones en las que he tenido que estar sola me han enseñado que tengo tantas cosas por aprender y hacer, tantos cafés que tomar y libros que leer; principalmente esos momentos me han enseñado que para mí el mejor camino de conocerme y ser feliz con alguien a mi costado, es primero estando feliz conmigo misma.

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Y sé que cuando llegue el momento de compartir mi vida y mi espacio con alguien más será porque así lo quiero, porque es el momento preciso. No porque me siento sola, no porque creo que estoy incompleta; sino porque estaré decidida a compartir con alguien mi pedacito de tiempo a solas. Dicho esto, mañana despierta con una sonrisa, viste tu mejor atuendo, ponte linda y sal a arrasar con la vida, sal y ámate un poquito más cada día. No te olvides querida, que debes enamorarte primero de ti. 

 

No traten de estandarizarme

Si todos los seres humanos nacemos con diferentes pesos y medidas, morenos o caucásicos, de cabello rubio o negro, con rizos o pecas, todos somos distintos. Entonces ¿a quién se le ocurrió crear una talla “estándar”? ¿Cómo puede alguien pensar que a todos nos va a quedar igual y bien lo mismo? A todos las marcas de ropa: no nos estandaricen.

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Cada persona es muy distinta a la otra, sobretodo las mujeres, ya tenemos suficiente con ir a una tienda y rogar que la talla de una marca sea igual que la otra, y que nos queden bien, porque si no nos hacemos un mundo en la cabeza. Odio ver un vestido lindo y que me digan “lo siento, sólo en talla estándar”. ¿Quién define lo que es normal o “estándar”? Según las estadísticas, estoy en el gran porcentaje de mujeres que nunca vamos a ser talla 2 o 4, pero se empeñan en hacernos creer que somos nosotras las extrañas.

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Entonces te hablo a ti, la que se prueba un pantalón con miedo a que tenga que buscar una talla más, la que se pesa en una balanza y no quiere ver los números,…la que cuenta las calorías de lo que come (me avergüenzo de aceptarlo). Eres más que un número. Alégrate de no ser “estándar”, porque eres única, todos lo somos. Eres linda, te ves linda, así te envuelvas en una sábana, porque es verdad cuando te dicen que la belleza está en el alma, y se refleja en la mirada. Arranca las etiquetas, no veas las tallas, no te subas a una balanza. Lleva una vida saludable sin obsesionarte con números que no cuentan. A ti te tiene que gustar lo que ves en el espejo, la opinión que más importa es la tuya. 

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5 cosas que pasan cuando vas en bicicleta

Hoy en día, entre tanta contaminación y carros, no hay nada mejor que agarrar tu bicicleta y salir a despejar un poco la mente y estirar las piernas. Ya sea que manejas alrededor de tu barrio, camino al trabajo o de manera profesional, hay cosas que pasan cuando manejas “bici”. No me refiero a los beneficios de practicar un deporte, sino a cosas que van cambiando. Vamos a nombrarlas:

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1. Aprendes a que luego de caer, debes levantarte

Después de cada caída cuando aprendías a andar en bicicleta, tu mamá decía “levántante, empieza de nuevo”. Y aun ahora, cuando te caes por no ver el semáforo o por evitar atropellar a un perrito, sabes que debes levantarte. En la vida también.

2. Ves con los ojos, y con los oídos

Andar en bicicleta, sobretodo si es en la ciudad, te enseña a que no sólo debes fijarte con la mirada, sino oír y percibir todo a tu alrededor. Debes escuchar y sentir todo lo que se te acerca para evitar accidentes. Igual en la vida, cada vez que vives algo nuevo, aprendes a experimentar y percibir con todos los sentidos, ir más allá de lo obvio.

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3. Liberas tu mente

No hay mejor sentimiento que andar en bicicleta y olvidarte de todo. Ya sea del tráfico que te estás evitando o de problemas que dejaste atrás.

4. Esquivas obstáculos

No hay nada peor que estar en la mejor bajada del camino o frente al mejor paisaje y tener que caer por un peatón que no te vio o no quiso respetar la zona de ciclistas. Cuando aprendes a andar en bici en la calle, aprendes a que así como en el día a día, debes evitar ciertos obstáculos para disfrutar mejor el momento.

5. Eres feliz

Sea porque te gusta andar en bici, porque llegar más temprano a tus citas o por las endorfinas; el hecho de transportarte en bicicleta te cambia el humor, porque no es algo que haces porque debes sino porque quieres. No hay mejor forma de empezar un buen día que haciendo lo que te gusta.

Y aquí les dejo otros beneficios más:

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“La vida es como montar en bicicleta, si quieres mantener el equilibrio tienes que seguir avanzando”. Este post va dedicado a mi hermano, a quien admiro por su determinación de levantarse a entrenar cuando el sol aun no ha salido. 

Píntate los labios de rojo

Hoy píntate los labios de rojo, sal al mundo con una sonrisa que muestre que te has despertado a vivir. Mírate al espejo y sonríe porque eres especial, eres importante; hay gente que te quiere, gente que te extraña.

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Que no te importe si otros piensan que estás muy bonita y arreglada para la ocasión, que es un día normal…no hay días normales, diles que todos los días son especiales porque estamos vivos.

No te avergüences de sentirte linda, que ellos piensen lo que quieran, tú sabes que eres más que una chica bien vestida. Sonríe a la vida. Si quieres pedir un café, pídelo; pero si tienes ganas de una cerveza, disfruta igual de cada sorbo. Naciste libre para elegir desde qué pensar, hasta que tomar.

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Y si un día te pasa todo lo contrario, y quieres estar en pijama todo el día en tu casa, usando sólo una de tus neuronas, no te juzgues, no te tomes demasiado en serio. Todos tenemos derecho a un día de “hoy-no-me-quiero-levantar-quiero-estar-en-cama-y-no-no-estoy-enferma-ni-deprimida”.

Recuerda que no le debes explicaciones a nadie, sólo a ti misma, a tu corazón y tu conciencia. Escucha a quienes te quieren, desean lo mejor para ti; pero no dejes de seguir tu intuición y escuchar a tu corazón. Hay muchas formas de ver la vida, muchos caminos que nos llevan al mismo destino, hay muchas razones para ser feliz, no te pongas triste por la primera mala noticia.

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Levanta la cabeza mujer, naciste para brillar. Naciste con el derecho de coquetear si deseas, callar si quieres, besar si sientes.

6 señales que comparten los que aman bailar

Hay muchas formas de hacer actividad física, y los beneficios de estas los sabemos de memoria. Es muy importante para nuestra salud física y mental hacer mínimo 30 minutos diarios de cualquier cosa que mantenga nuestro cuerpo en movimiento. Por más que suene cliché, no se trata sólo de la belleza física.

Sea en ensayos para musicales, en clases esporádicas, temporadas de gimnasio, días en los que me encerraba en mi cuarto, fiestas espontáneas o parrandas hasta las 4 a.m., lo importante siempre es bailar. Y no es que sea una bailarina experta e innata, pero si debo aceptar que me encanta moverme al ritmo de la música, sea cual sea, y hay veces que no puedo evitar recrear coreografías en mi mente, o estar sentada y mover los pies al ritmo de una melodía. Y en esta temporada de regulares asistencias al gimnasio, hay una clase que nunca me pierdo, ¿adivinan? Ahí yo misma soy, no importa si lo hago perfecto, me divierto mucho y una de las ventajas es que tengo pasos nuevos para la próxima vez que pise una disco. Entonces decidí pensar en todas las personas que conozco que amen bailar, y llegue a unas conclusiones.

Salud al 100%

Todos mis amigos bailarines, profesionales o aficionados, tienen una salud envidiable. El baile es un ejercicio excelente para nuestro corazón, circulación y pulmones. También ayuda a controlar la presión arterial, el nivel de azúcar en la sangre y disminuye el colesterol malo y aumenta el bueno.

Son personas felices

Todos sabemos que el ejercicio genera endorfinas, y que estas nos hacen feliz, pero no es lo mismo tener endorfinas por cargar pesas y hacer planchas, que por bailar una buena salsa. Si amas bailar, con el simple hecho de tener música y mover tu cuerpo, tienes un bienestar físico y también espiritual. La libertad de expresar felicidad mediante el movimiento de tu cuerpo es algo que no se puede explicar. Nada te ata, nadie te mira (pero al mismo tiempo te encanta si alguien se fija en ti). Como dice la RAE en una de sus definiciones: Retozas de gozo.

Tienen una postura increíble

No conozco a ninguna persona que disfrute bailar y no tenga una buena postura. Estén sentados, parados, bailando, caminando o corriendo; siempre la espalda derecha. El baile muchas veces exige movimientos que fortalecen los huesos y alinean nuestros músculos y articulaciones en posturas correctas. Junto con esto, se van los dolores y la fatiga, energía todo el día.

Inteligencia superior

No se medir el C.I. pero sí puedo asegurar que la coordinación y memoria que requiere el baile, hace que las personas que lo practican demuestren su inteligencia. No es fácil tener en mente que pierna levantar, que brazo voltear, girar a la izquierda o derecha, mirar al frente y sonreír (todo al mismo tiempo). Parece tan fácil para ellos.

Gracia innata

Todas las personas que aman bailar tienen una simpatía y gracia natural que hace que quieras acercarte a ellas. Ya sea en la calle, en una fiesta o reunión, ten por seguro que si alguien goza de la música y el baile será una excelente compañía.

Son el alma de la fiesta

¿Quieres una reunión divertida? ¡Llama a tus amigos bailarines! Ellos no necesitan más que su canción bailable favorita para encender la alegría y diversión. Muchos de tus conocidos pensarán que hicieron unos brindis de más, pero tú sabes que la realidad es que los espíritus bailarines se embriagan de melodías y lo mejor es que su felicidad es contagiosa.

No es necesario ser profesional, hacer piruetas en el aire o ser peso pluma. Sólo ponte tus zapatos más cómodos, prende tu radio y libera tu cuerpo. Sé feliz al ritmo de la música.

Aquí les dejo dos de mis canciones favoritas para mover el cuerpo:

Lo que me dejó este 2014

Creo que todos los años son importantes. En todos aprendemos algo, en el ’90 nací, en el ’91 aprendí a caminar, y así puedo seguir mencionando muchas cosas que aprendí cada año. Entonces diré lo que aprendí en el 2014, entre muchas cosas que viví este año, reafirmé con mis propias experiencias una frase que escuché siempre y nunca creí 100% cierta, ahora sé que lo es: “la felicidad depende de uno mismo”. Este pasado año aprendí eso, que mi felicidad no depende de nada ni nadie.

La idea no es sonar egoísta, por supuesto que hay muchas personas importantes en mi vida; la reflexión de este año va más allá de eso. Tuve la oportunidad de viajar a un país donde no me sentía ni extranjera ni ciudadana al 100%, todo era muy extraño al comienzo, por primera vez estaba completamente sola. Y no triste, abandonada y sola, sino tranquila, libre y sola. Primero lloras, no sabes que hacer, quieres hablar con alguien, pero las horas de diferencia no te ayudan a utilizar el skype tanto como deseas. Aparte no quieres que tu familia y amigos sepan que no la estás pasando muy bien; quieres que todos crean que eres feliz al 200%. Pero luego se cumple una primera reflexión, “no hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo soporte”. Es cierto pues a los días de estar sola, empiezas a disfrutarlo. Tienes tiempo para ver esa película que no habías podido terminar, leer un libro, hacer las tareas de la universidad con toda la paciencia del mundo, apagar el teléfono y dormir 13 horas seguidas. Hay momentos en que claro, vuelves al estado “estoy sola, odio estar sola”, pero esos lapsos de tiempo son más cortos, hasta que desaparecen. Es en ese momento en el que la luz entra por tu mente y te das cuenta que has aprendido a gustarte a ti misma, has hecho la paz con tu incontrolable alma, estás conociéndote pasito a pasito.

¿Qué tiene que ver estar sola con que “la felicidad depende de uno mismo”? Ahora sí, a lo que voy. Este año aprendí que cuánto más entiendo quién yo soy y mi perspectiva del mundo, más fácil se me hace disfrutar de cada cosa que pasa en mi vida, cada detalle, cada momento. Poco a poco dejas de depender de algo o alguien para divertirte, para ser feliz, pues hallas alegría en cada pequeña cosa que te rodea. Puede ser genial ir a una fiesta con tu mejor amiga y bailar hasta el amanecer, así como ir a tomar un café en compañía de un buen libro. Disfrutas tanto de caminar por la playa escuchando música, como de ir a un concierto multitudinario. Ves que todos tus amigos pasan San Valentín con sus novios o novias, tú lo pasas comiendo hamburguesas con tu familia, y está bien, eres feliz. Tus expectativas cambian, pues una vez que valoras la compañía de tu alma, también empiezas a valorar más la compañía de quienes te quieren. Así también tienes la valentía de aceptar que los verdaderos amigos son pocos, que no necesitas asistir a todos los eventos que te invitan para sentirte importante o querida, y llegas a entender por fin lo que muchas veces decías sólo de la boca para afuera: la felicidad está en uno mismo, depende de ti.

Gracias 2014 por enseñarme la más grande lección de todas. Con esta nueva perspectiva de la vida, 2015 sorpréndeme.