Celebrate You

“Si puedes soñarlo puedes hacerlo, recuerda que todo esto comenzó con un ratón”. – Walt Disney

Hoy es jueves y quiero compartir con ustedes un recuerdo increíble, una de las mejores experiencias de mi vida. Hace ya casi 6 años tuve la oportunidad de ser parte de un grupo de estudiantes que viajó al lugar más feliz de la tierra, donde los sueños se hacen realidad, la magia existe y nuestro niño interior vuelve a despertarse. Viajé a Disneyworld. Pero no sólo viaje a conocer, pude trabajar tres increíbles meses, conocer personas de otros países, compartir sus sueños e ilusiones y conocí y compartí con quienes ahora son mis hermanas, mis roommates Raquel, Andrea y Talia.

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Mi trabajo era perfecto, me encargaba de ordenar a las personas mientras veían los desfiles de Magic Kingdom. Además mientras esperaban el desfile jugaba con los niños, conversaba con todos, bailabamos y cantábamos. Lo mejor de trabajar con un público es que tienes la oportunidad de interactuar con ellos, y si es en Disney puedes además compartir la magia y crear momentos inolvidables.

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Nunca olvidaré una de las últimas noches en el parque, mientras preparábamos el desfile Spectromagic, un espectáculo en el que todo el parque se apaga y los personajes pasean con luces. Después de semanas escuchando la misma melodía llegas a memorizar en qué momento se apagan las luces. Por eso, ese día se me ocurrió preguntarle a una niña de aproximadamente 5 años, si deseaba apagar las luces de todo el parque. Me dijo que sí y la lleve al frente de un grupo de gente que esperaba ver el desfile. Les expliqué que a la cuenta de tres debían ayudarla soplando porque ella iba a apagar todas las luces. Uno…dos…tres…soplarón e inmediatamente se apagó todo. La gente aplaudía, la niña no podía creerlo, sus papás filmaban felices y yo lloraba de alegría. Nunca olvidaré el rostro de esa pequeña, y espero ella nunca olvide que un día creó magia y apago las luces de Magic Kingdom.

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Trabajar en Disney fue mucho más que una experiencia profesional, cultural o educativa. Fue una experiencia de vida, fueron tres meses en los que aprendí que los sueños se hacen realidad, que todos tenemos el derecho de soñar y de ser felices, que cada día hay que celebrar que estamos vivos, que siempre hay una razón para celebrar y reír. Aprendí que aun hay personas con ganas de divertirse, de soñar y de creer. Conocí personas que sin conocerme, con el hecho de compartir mis sueños y anhelos me decían “espero verte actuando algún día”. Y aprendí que todos tenemos un niño interior que se muere por salir y jugar, a quien nunca debemos dejar morir. Ahora sé que la alegría más grande es poder compartir felicidad y magia con los demás, contribuir en la sonrisa de otra persona.

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Gracias Walt Disney por crear un mundo tan grande e increíble, por luchar por tus sueños y motivar al mundo entero a hacerlo. Y lo mejor es que VUELVO!! Faltan poco más de 100 días para reunirme con mis roommies, Mickey, Minnie y todos sus amigos!! No puedo estar más emocionada!

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“No duermas para descansar, duerme para soñar. Porque los sueños están para cumplirse”. – Walt Disney

Varada en Frankfurt

¿Alguna vez han visto en las noticias esos episodios de viajeros durmiendo en un aeropuerto, ya sea por huelga, tormentas, pérdida de vuelo, etc? Cada vez que veía esas noticias era como ver un universo paralelo, algo que le pasa a quienes viajan mucho, tienen mucha mala suerte o no pensaron bien antes de comprar el pasaje…¿a quién se le ocurre viajar en invierno cuando saben que hay nieve? Me daba mucha pena ver las angustias de las personas ante no saber qué hacer, ni dónde ir. Pero claro, uno no puede imaginar lo que están viviendo, hasta que te toca a ti pasar por eso. 

Estaba regresando de Croacia a Perú, y la manera más económica era con paradas en Frankfurt, Santo Domingo y Panamá. En Zagreb ya había pasado un terrible episodio con una de mis maletas, simplemente no la pude traer conmigo y se la quedó mi tia (larga historia que merece otro post). Entonces ya estaba en el avión, rumbo a Frankfurt, y lo único que pensaba era llegar a Lima (y que pronto manden mi maleta porque ahí estaba literalmente toda mi ropa). Mi sentido de orientación me dijo que el avión estaba dando una vuelta -no, Tati, es tu idea- y luego una segunda vuelta en círculo. Escuchamos la voz del piloto informándonos que había una tormenta en Frankfurt, que el aeropuerto estaba cerrado para llegadas y salidas y que teníamos que aterrizar de emergencia en otro aeropuerto -WHAT? ¿Acaso la vida está haciéndome pagar por esa vez que no pague pasaje en el autobús? Bueno Tati tranquilízate, total si pierdes el siguiente vuelo, te deben poner en otro, y así sucesivamente, pues no es tu culpa que en pleno verano haya tormenta- era mi largo mantra que resonaba en mi cabeza una y otra vez.

Después de aterrizar de emergencia, informaron que ya nos dirigíamos a Frankfurt, aun tenía tiempo para llegar al siguiente vuelo. Llegamos a Frankfurt a las 22:25, vi en la pantalla que mi vuelo había despegado a las 22:20. -Tranquilidad, te colocarán en otro vuelo, será máximo un par de horas de retraso- Entré a la sala principal del aeropuerto y voilá! como yo habían por lo menos mil personas más. Todos estábamos varados en el aeropuerto sin idea a dónde ir. Después de preguntar y recorrer el aeropuerto. hallé la oficina que debía solucionar mi problema, y junto conmigo estaban este millar de personas. Entre ellos niños, bebés, mujeres embarazadas, gente mayor. La mayoría de las aerolíneas pertenecen a una alianza, en este caso todas pertenecían a Lufthansa, y ellos debían solucionar cada problema a cada persona.

Cerraron el counter a la medianoche, informando que lo reabrirían a las 5:30 a.m. -bueno, hay internet y donde sentarme- pensaba, así que fui a buscar mi pedazo de suelo para comunicarme con mi familia. Para esto, debo contarles que tenía junto conmigo mi maleta de mano (sin rueditas) que ya estaba rompiéndose y pesaba terriblemente; acompañada de una bolsa llena de libros que no quise meterlos en la maleta para no tener sobrepeso, mi cartera personal que también es gigante, mi saco y un rollo de un lienzo que no tenía donde meterlo. Ah, y en dinero tenía 15 euros y una tarjeta de crédito que no funcionaba. Como típica latinoamericana no pretendía dejar mis cosas solas en ningún lado, así que si quería ir al baño, levantaba cada uno de mis bultos y arrastraba el carrito; lo mismo para comprar, para subir escaleras hacia el counter, etc.

He aquí mi consejo #1: no viajen con muchas cosas en la mano y nunca sin una carry on, es fundamental. Ahora sé que uno nunca sabe lo que puede ocurrir. 

Consejo #2: Asegúrense de tener dinero, no se confíen en las tarjetas, pueden ocurrir mil cosas. Sé que este consejo es para niños o personas muy distraídas, pero las cosas pasan cuando uno menos las espera, para bien o para mal. 

Consejo #3: Siempre piensen en el prójimo, yo podía esperar horas porque tengo fuerza, pero habían niños que no. Por ayudar a una señora con su hija, ella me cedió su número de atención (pues ella iba a una zona preferencial) y pudieron atenderme antes. 

Consejo #4: No desesperen. Nada malo puede pasar dentro del aeropuerto. No confíen en todos, pero tampoco vivan un drama. Todo se soluciona y van a volver a casa. 

Me atendieron a las 10 a.m., casi 12 horas después de aterrizar, y lograron colocarme en un vuelo que salía a México a la 1 p.m. En total fueron 15 horas en el aeropuerto, sola y con casi nada que comer. Tenía que llegar a Lima un viernes a las 12:30 p.m., llegué sábado a las 7 a.m.

Espero les agrade esta anécdota de viaje, pronto empezaremos con el verdadero sentido de este blog: viajes. Por lo pronto, comparto este recuerdo, para que si alguna vez les pasa, sepan qué hacer y que no.