Sugar…yes please!

Quiero compartir con ustedes un experimento que comencé hace seis semanas, e increíblemente logré completar. Cuando llegué de mi viaje a Tailandia decidí dejar todos los productos con azúcar por un mes (y la comida rápida), hasta mi cumpleaños para ser exactos (día en el que mi esfuerzo sería recompensado con un buen pedazo de torta de chocolate). Cuando acepté el reto conmigo misma sinceramente pensé que no iba a llegar ni a la semana.

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Amo los dulces, no soy de comprarme caramelos, pero cuando me ponen en frente pasteles o chocolates se me hace muy difícil decir que no. Puedo vivir sin papitas fritas, mayonesa, hamburguesas o pizzas, pero la necesidad de comer un dulce después de almuerzo no desaparece. Además, siempre he sido partidaria de estar conformes con nuestro cuerpo, que todas somos bellas sin importar la talla y que nuestra autoestima debe estar por encima de todo, muy a pesar de que las revistas con modelos (con photoshop) nos muestren una “realidad” inexistente. Pero por otro lado, no me estaba sintiendo muy saludable, tenía muchas ganas de controlar lo que como y he de aceptar que un par de jeans no me estaban quedando como antes.

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Los primeros días siempre son los más difíciles, sobretodo cuando te ofrecen dulces o te los regalan. Guardé un par de chocolates que me habían regalado, compré endulzante natural y escondí el azúcar de mi cocina. A la semana estaba demasiado sorprendida y orgullosa de mí misma, nunca había pasado tanto tiempo sin azúcar. Además ya se empezaba a notar, la ropa me quedaba mejor y algunas personas ya me estaban comentando que parecía que había bajado de peso. Así pasaron las semanas, llegó mi cumpleaños y lo logré, pasaron exactamente 32 días sin dulces, y disfrute de un riquísimo pedazo de torta de chocolate y avellanas. No sé cuanto peso perdí porque he decidido dejar de lado los números, pero ya me entraron ese par de jeans. Mi logro más grande es que si bien siempre se me antojará un dulce después de almuerzo, se me hace mil veces más fácil obviar ese antojo, controlarme cuando me invitan comida y decidir qué como y qué no.

Las pasadas dos semanas fueron un poco más difíciles, porque mayo es un mes de festividades sin fin, por lo que ahora sigo aprendiendo a controlarme cuando tengo frente a mí tres bandejas de pasteles y sándwiches. Pero con ese mes de cero azúcar y estas dos últimas semanas de auto control, me he demostrado a mí misma que puedo llevar un estilo de vida más saludable y que estoy combinando con ejercicios un mínimo de 4 veces a la semana. Así es como he empezado a crear este hábito de vida saludable, hasta que sea parte de mi. No balanzas ni tallas de ropa, simplemente sentirme con más energía y voluntad para hacer las cosas. Y sí, sigo en un serio compromiso con el chocolate y la torta tres leches, sólo que ahora estamos en una relación a distancia y nos vemos cada dos semanas.

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¿Crees en la magia?

Hace unos días leí por internet: “quien tiene magia, no necesita trucos”. No sé quién es el genio detrás de tan cierta y a la vez simple frase, pero quisiera agradecerle, porque tiene toda la razón del mundo. Vivimos en un mundo en el que cada vez se nos hace más difícil ser sinceros y expresar lo que de verdad sentimos, nos escondemos detrás de una máscara de falsa seguridad, de un “no necesito a nadie” o “lo sé todo” y nos olvidamos de quién somos de verdad, ¿cuántos trucos utilizamos a diario y olvidamos mostrar nuestra propia magia?

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Conocemos personas a diario y llega un momento en el que conocemos a alguien que de verdad nos interesa. La tecnología está tan presente en nuestras vidas que lo primero que hacemos es intercambiar teléfonos o perfiles de facebook y vemos cómo va la comunicación, mejor dicho cómo va el juego. Es ahí cuando empezamos a escuchar a todas las voces de nuestra cabeza, las de nuestra conciencia hablándonos de la relación pasada que no funcionó, las de nuestras amigas, familiares. Y terminamos por aplicar los trucos más absurdos que pueden existir, no respondo un mensaje al momento porque va a pensar que ando pendiente (cuando sólo has esperado recibir ese mensaje), le digo que no la primera vez que me invite a salir para que se esfuerce más, yo inicié la conversación ayer, ahora la debe iniciar él, y así seguimos con el juego “frio-caliente”, “odio amarte”, “soy más interesante que tú”.

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Con eso no estamos más que engañándonos a nosotros mismos, no responder ese mensaje al momento de haberlo leído no te va a quitar las ganas de ver al remitente, el “hacernos los difíciles” no nos va a causar mas que un nudo en la cabeza, por no reaccionar como de verdad queremos. Dejémonos de trucos y juegos; saltemos al abismo. Es mejor arriesgar, perder todo y sobrevivir esa mala pasada, que estar intactos sabiendo que no lo dimos todo. Grita, lánzate, di lo que sientes, reacciona tal y cómo tu corazón lo desea, porque al final del día, si existe una chispa, si tienes esa magia no hay truco que valga más que la sinceridad. La pregunta es ¿crees tú en esa magia?

6 cosas que no sabías de mí

En unos minutos (hora de Croacia) he de cumplir 26 años de vida, y como ya el año pasado les conté las 25 cosas que aprendí en 25 años de vida, decidí que no es muy favorable que escriba 26 cosas que aprendí, pues no aprendo tanto tan rápido. Si bien ha sido un año genial, en donde he logrado independizarme y he conocido a personas increíbles, dejaré de lado mis aprendizajes y les contaré seis cosas que (creo) no sabían de mí.

#1: Colecciono bolsitas de azúcar

No, no estoy loca, colecciono bolsitas de azúcar, esas las que te dan en las cafeterías, las tengo todas. Tengo un álbum con aproximadamente 300 distintas bolsitas (de azúcar blanca y rubia), de distintos países, cafeterías y hasta aerolíneas en las que he viajado. Todo empezó un día de otoño del 2012 de lonche con mi familia, en La Havanna de San Isidro, Lima; me parecieron bonitas y las guardé, así empecé a recolectar azúcar en cada lugar que visitaba. Ahora las guardo sin el azúcar, para evitar que se malogren, y sólo tengo un amigo que solía coleccionarlas y me lleva la delantera con más de mil, espero alcanzarlo.

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#2: No puedo vivir sin mi guitarra

Intentaron ponerme en un curso de guitarra cuando tenía 14 años y no funcionó, el profesor me hacía tocar la melodía de canciones de The Beatles y no me llamaba la atención. Yo quería tocar el acompañamiento de mis canciones favoritas para poder cantarlas. Recién a los 18 años volví a agarrar la guitarra de mi mamá e intentar tocar algunas notas, luego fui buscando mis canciones favoritas en internet y memorizando notas. Me regalaron a Elle, mi guitarra, hace dos navidades y somos inseparables.

#3: Amo la magia y Harry Potter

Tenía yo 19 años cuando mi roommie me insistía que lea Harry Potter, y yo terca le decía que la saga Crepúsculo era mejor. Luego mi hermano me pidió de regalo de cumpleaños el primer libro de Harry Potter, se lo regalé y un día lo abrí a ver por qué tanto me insistían, en ese momento no lo pude soltar y me enamoré de cada personaje. Los he leido dos veces, algunos hasta tres, mi personaje favorito es Sirius Black y sólo tengo que ver su rostro para ponerme a llorar (aun no supero que muera la única familia que tenía Harry) y detesto a Dolores Umbridge (así toda su ropa sea rosada). En el estreno de la última película fui disfrazada de Bellatrix Lestrange (esta loca, es genial) y estoy segura que mi carta a Hogwarts se perdió pues Voldemort no quería a magos que sean de padres muggles.

#4: Legalmente Rubia ha inspirado mi vida

Era un sábado en la mañana, tendía 14 o 15 años, desperté y mis papás estaban viendo una película de una chica rubia que entró a Harvard siguiendo a su ex enamorado. Mi mamá decía que le hacía recordar a mí porque era graciosa y le encantaba el rosado. Elle Woods ha inspirado mi vida porque su historia nos enseña a que podemos lograr lo que queramos sin dejar de ser nosotros mismos, y que son esas diferencias las que nos hacen únicos, especiales y con capacidad de resolver distintos problemas. Desde ahí siempre he sentido un gran cariño por ese personaje, amo el color rosado y finalmente descubrí que la película tenía un musical y logré protagonizarlo hace tres años en Lima.

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#5: Amo la Navidad

Si bien mi cumpleaños es uno de mis días favoritos del año, nada se compara con la Navidad, simplemente la adoro. Soy el espíritu navideño donde sea que vaya, organizo todo desde días antes, horneo pasteles, preparo la cena y soy el alma de la fiesta donde sea que esté. Desde noviembre ya estoy escuchando villancicos, pensando qué decorar y planeando qué voy a hacer. Si por mi fuera la mitad del año la pasaría con espíritu navideño y decoraría todas las calles con luces de colores.

#6: Tengo dos tatuajes

Algo más que no saben de mí es que tengo dos tatuajes, el primero está entre mi cuello y espalda, es una cruz (en representación de mi religión) formada de cuatro palabras en croata: drama (actuación), obitelj (familia), ljubav (amor) y Hrvatska (Croacia). El segundo está en la muñeca de mi brazo derecho, es una mariposa cuyo cuerpo es un punto y coma, en representación del punto y coma que le puse a mi vida luego de pasar por diversos problemas en el 2012.

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Quiero cantar hasta morir

Tengo algunos recuerdos fijos de cuando era muy muy pequeña, uno de ellos es que en casa teníamos unos audífonos gigantes y un pequeño micrófono. Yo quería encontrar la forma de colgar el micrófono del techo, como en el video de Aveces me parece de Aristia, y ponerme esos audífonos grandes y cantar. Siempre me gustó cantar, mi mamá canta y toca guitarra, y desde que tengo razón la música es parte de mi vida. También recuerdo que cuando tenía entre 5 y 8 años me decían siempre que tenía una voz muy especial, pero no en el buen sentido, me decían que era muy chillona y cada vez que hablaba muy fuerte mi tía solía decirme “hijita, pasa el vidrio”.

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Pero yo seguía y seguía cantando. En la época en la que compraba CD’s de karaokes, en la que no tenía internet y no sabía de youtube, cantaba con casettes, hasta intentaba crear compases en el teclado. Aun así, muchos decían que era desorejada, y esas palabras me llevaban a cantar bajito. Y yo seguía cantando, me encerraba en mi cuarto y ponía todos mis peluches en el suelo, ellos eran mi audiencia. Cuando cumplí quince años mis papás me regalaron un parlante, micrófono y parante, creo que fue el mejor regalo que he recibido en mi vida, por fin podía cantar y mi cuarto se convería en mi escenario de verdad. Probé un par de audiciones y me rechazaron, lloré, lloré mucho. Pero yo seguía cantando.

Fui a una audición por segundo año consecutivo, esta vez me aprobaron. Y así insistí a que me lleven a alguna clase de canto. El profesor le dijo a mi mamá que yo sí podía cantar, y en la primera clase me hizo cantar el Ave María, ni yo creía que lo que salía de mi garganta era mi voz, mucho menos mi mamá. Y empecé con el teatro, y quería seguir cantando, pero me volvieron a rechazar. Y le rogué a mi abuelita que me ayude a pagar unas clases de canto más, la profesora me dijo que tenía material para postular al Conservatorio Nacional de Música. Nunca postulé, pero esas palabras me dieron confianza, y cada vez que podía juntar dinero me pagaba horas de canto. Un día fui a una audición de American Idol, mi amigo que según yo y muchos cantaba mejor que yo no pasó, y yo…yo pasé esa etapa.

Y así pasaron los años, de profesor en profesor fui formando lo que siempre quise, más que voz quería confianza, confianza en mis cuerdas vocales y en mi oído. Estuve en musicales, logré pequeñas cosas que para mí son inmensas, porque a veces me escucho y no puedo creer que eso es lo que yo canto. Mi voz y yo hemos pasado de todo, he estado en lo más bajo de lo bajo, he vuelto a subir, y sólo quiero seguir cantando. Aun tengo mucho por mejorar y aprender, sobretodo a controlar mis nervios, pero voy avanzando paso a pasito. Me sorprendo cada vez que alguien dice que le gusta mi voz, ver las caras que ponen cuando escuchan una grabación (pues mi voz al hablar es totalmente diferente que al cantar). La vida para mí no tiene sentido sin música, tener la oportunidad de poder transmitir con mi voz es una de las mejores experiencias que puedo vivir. El domingo pasado canté por primera vez en Zagreb y hacía tiempo que no estaba tan nerviosa. Quiero mejorar, puedo hacerlo, y ahora vuelvo a confirmar que todo esta dentro de nosotros, podemos lograr todo lo que queramos si es que nos esforzamos y no nos damos por vencidos.

Y por si son curiosos, aquí les dejo el link del video:https://www.youtube.com/watch?v=PS7aW0oHY-A

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Estar a solas

Muchas veces escribo sobre la importancia de estar a solas, de disfrutar ese periodo de vida en el que tú eres la primera persona en tu vida. Tendemos a relacionar “estar a solas” con “estar soltera” y peor aun, lo confundimos con “estar en soledad”. Al decir que estamos a solas, no me refiero sólo a no tener pareja, sino de verdad estar sin nadie, vivir sola o independiente de la familia, ser una persona que se preocupa por sí misma, responsable de sus actos, y principalmente, que se conoce y está en camino de saber lo que quiere en la vida.

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Hace unos días, en la madrugada, me despertó un gran dolor de estómago y escalofríos terribles, tenía temperatura. Mi primer y sincero pensamiento fue “mierda, y ahora ¿qué hago?”. Mi compañera de piso estaba de viaje, justo ese fin de semana no tenía ni pollo para hacerme una sopa, estaba sintiendome terrible, sola en mi cama, sola en mi casa. No es que no tenga amigos en la ciudad, pero no creo que sea una buena idea despertar a alguien a las 3 a.m. No estaba mi mamá para que me haga un té, ni mi papá para que me traiga una colcha más, o por último mi hermano para que me diga que exagero y soy una enferma imaginaria.

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Fue en ese día que reflexioné, que estoy sola, no sólo en un sentido amoroso, sino físicamente estoy sola, vivo sola, soy independiente y consecuente de mis actos, ¡y me encanta! Pasamos los días contando cuánto tiempo estamos solos, refiriéndonos al tiempo que estamos solteros, pero no pensamos ¿cuánto tiempo estamos solos de verdad? Yo recién tengo diez meses de independencia, diez meses en los que tengo que pensar qué voy a comer, decidir si compro queso o huevos, si me compro ese bello par de zapatos o ahorro para la cuenta del internet que tengo que pagar el mes que viene. Quiero aprovechar estos momentos, porque se van a acabar, llegará un momento en el que tenga que compartir decisiones con otra persona. Estoy en la búsqueda de un estilo de vida, de saber quién soy y qué quiero, ¿cómo voy a compartir mi espacio con otra persona si aun no sé los límites de este? Si bien hay muchas personas que nunca pasan tiempo a solas y les va genial, yo quiero experimentar un rato más este momento. Creo que cada época tiene algo de increíble y nunca logro decidir cuál es el mejor año de mi vida, pero dicen por ahí que los mejores años de la vida son entre los 25 y 35, así que yo recién estoy empezando. Definitivamente no estoy en soledad, vivo rodeada de gente que me quiere y se preocupa por mi, así no esten físicamente cerca. Estoy soltera sí, y también estoy sola, conmigo misma y conociéndome cada día un poquito más.

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