Quisiera decirte

Quisiera decirte que no sé qué me pasa, que no me conozco. Quisiera decirte que has llegado en el peor momento de mi alocada vida y aun no sé si fue para bien o para mal. Quisiera decirte que no me mires, porque cuando lo haces, cuando se cruzan nuestras miradas, algo cambia, algo explota. Quisiera decirte que te calles, porque odio el efecto de tu voz en mi cabeza y en mi corazón. Quisiera decirte que me estoy volviendo loca, porque no sé si hablarte o no, porque cuando lo hago me arrepiento, y cuando no lo hago también.

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Quisiera decirte que vale la pena esperar, pero tú no te das cuenta que también vales la pena, y la alegría. Quiero decirte que eres un ladrón de sueños y de sonrisas, porque ahora cada vez que me río es por ti. Quisiera decirte que no sonrías, porque no puedo evitar reír contigo. Quisiera decirte que no sé como decirte lo que siento, porque hasta para los sentimientos hay una primera vez.

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Quisiera decirte que te extraño y me haces falta, porque tan sólo tu presencia podía llenar mi día. Quisiera decirte que aun sueño con que eres la pieza que le falta a mi rompecabezas. Quisiera retroceder el tiempo y que todo sea como antes. Quisiera descifrar todos los rincones de tu cabeza para que dejes de ser una interrogante en mi vida. Quisiera abrazarte y juntar todos los pedazos de tu alma. Quisiera verte llorar y decirte que todo va a estar bien, que estoy contigo. Quiero decirte que no entiendo nada, y que tú tienes las respuestas.

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Hoy me toca

Ayer se celebró el Día del Padre en muchas partes del mundo y desde acá le mandé un gran saludo al mejor papá del mundo, al cafetero y cletero por excelencia, a la persona con el carácter mas divino (nótese el sarcasmo) que conozco, mi papá. Dicen que las hijas son más apegadas a sus papás, la verdad no sé si será cierto, pero que soy como uña y mugre con él, es cierto. Todos decimos que nuestro papá es el mejor del mundo, y es que en nuestro mundo lo es, pero mi papá es también especial. No hay muchos como él, y les voy a contar algunas cositas.

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  • No hay mañana que no prepare el desayuno, desde que tengo uso de razón, me despierto (bueno despertaba en Lima) y en la mesa estaba todo listo: café (infaltable), pan, jamón, queso, jugo, literalmente todo.
  • Algunos papás dan chocolate o galletas de postre, mi papá me daba una cucharada de azúcar remojada en café (sí, es el causante de mi necesidad de cafeína)
  • Antes de aprender a peinarme, mi papá me peinaba todas las mañanas para ir al colegio.
  • Hay papás que resondran a sus hijas cuando llegan con unas cervecitas de más…el mío se rompe de risa y luego me manda a lavarme la cara y dormir. Mejor aun, si es necesario me recoge en carro, me lleva a casa y al día siguiente me sirve el almuerzo. Siempre riéndose de mi poca tolerancia al alcohol.
  • Mi papá no tiene ningún problema en comprarme toallas higiénicas (aplausos por favor, para él y para mi hermano).
  • Mi papá se toma las cosas “con calma”, y me hace relajarme a mí también.

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  • Mientras algunos papás van a las fiestas de promoción de sus hijas en saco y corbata, el mío siguió su estilo y fue con polo rojo y jean.
  • Algunos papás exigen que sus hijos aprendan mucho en la universidad, el mío siempre me explico que el 30% era aprender conocimientos y el 70% era picardía.
  • Mi papá me dejó hacer lo que yo quiera, pero me dejó en claro que nunca debe agachar la cabeza por mí.
  • Unos papás te compran chocolate cuando estás triste, el mío me lleva de shopping.
  • Me felicita cuando le cuento que llegué a las 6 a.m. a casa.
  • Me cose ropa, disfraces, carteras.
  • No necesitamos llamar a un gasfitero, electricista, constructor, carpintero…mi papá es mil oficios.
  • Mi papá no cuenta chistes, pero cuando sale la chispa dura por años…es la fleeeeesa, flesiiiita.

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Podría seguir mencionando muchas más cosas, porque mi papá lo es todo. Mi papá me ha enseñado a trabajar por lo que yo quiero y a no rendirme nunca. Ha secado todas mis lágrimas con palabras de aliento y confía en mí más de lo que yo lo hago. Mi papá no se ha perdido ni una función y siempre ha estado allí para lo que yo necesite. Ha sido mi chofer y mi guardaespaldas siempre. Es mi mejor amigo y el que siempre tiene una solución, así esta sea “calma”. Me ha enseñado a respetar y amar a Dios, a confiar en Él. Me ha demostrado que la sangre no es agua, desde hablarme en croata hasta recogerme del colegio para ver un partido de fútbol. Mi papá ha elevado mis expectativas ante cualquier chico que conozca, porque para que sea un buen hombre debe parecerse aunque sea un 1% a él, y eso ya es bien dificil. Mi papá siempre sabe que lo mejor es una taza de café y sabe aceptar cuando “no me toca”. Cuento con ansias los días para decirte “hoy me toca” y prepararte un café.  Volim te tata.

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Sigue tu instinto

Hace un momento una amiga me pidió un consejo de amor; no sé en qué momento me gané el título de Doctora Corazón. La verdad soy de las personas que da los mejores consejos, pero el problema está en que yo no los aplico. Y no sé de dónde saco la inspiración para decir las mejores frases pero no puedo llevarlas a la práctica. Sé que es algo tonto, pero la verdad es que siendo honestos, cuando vemos el problema de afuera es mucho más fácil ser racional, cuando el problema está en nuestra cabeza (o corazón) mezclamos todo y no sabemos que hacer, no escuchamos a nadie. Aun así, el día de hoy traté de darle el consejo que me daría a mí misma, y aunque fue bastante general, fue sincero:  sigue tu instinto.
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Puede sonar trillado o abstracto, pero hay algo dentro de nosotros llamado instinto o intuición, para las más románticas como yo se llama corazón, y nos dice qué hacer. Si quieres hacer algo, por más que todo el mundo te diga que no lo hagas, si tu corazón te dice “hazlo” es mejor que le hagas caso. Si no lo escuchas, te quedarás con la duda por el resto de tu vida, con ese sin sabor de no haber dado el primer paso (o segundo, o tercero…). Además, si te equivocas aprendes, y si no te equivocas ya estás algo más cerca a eso que querías alcanzar, ya sea una respuesta, una meta o un sueño. Hay veces que necesitamos un consejo, pero en el fondo sabemos lo que queremos hacer. Como el truco de la moneda, el indicador no es la cara o cruz sino ese micro-segundo antes de ver el resultado, la señal es lo que pasa por tu cabeza antes de ver si salió lo que tu corazón esperaba o no.
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Entonces hoy quiero decirte que sigas a esa voz dentro de ti y te arriesgues, porque es mejor sufrir por haberlo intentado que morir sabiendo que pudiste hacerlo y no lo hiciste. Porque duele arriesgar y perder, pero más duele no ganar habiendo podido hacerlo. Por que es peor saber la triste verdad que engañarse con una mentira. Porque es mejor llorar y saber que tienes un sentimiento profundo que negarse a sentir, negarse a vivir. Porque es preferible ser quien quiere más y es libre, que quien limita su corazón y vive encerrado en su propia lógica sin sentido.

El mundo entre cuatro paredes

Va a ser extraño despertar el lunes y no ir a clases. Ayer fue el último día del semestre en Croaticum (escuela para aprender croata como segunda lengua) y no puedo estar más agradecida con Dios de haberme colocado en un grupo con personas increíbles, amigos que sé son para siempre, seres con historias maravillosas que contar, almas únicas en este mundo. Cada reunión era como encontrar el mundo entero en un cuarto. 

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Es la segunda vez que vivo lo que es estudiar croata, pero este último semestre, estos tres meses y medios no tienen comparación con nada de lo que he vivido en el resto de mi vida universitaria. Aparte de aprender croata he aprendido a vivir, a disfrutar la vida, el momento y dejarme llevar. He aprendido a alegrarme de los logros de los demás, he encontrado apoyo y entusiasmo en personas que en un momento no me conocían y aun así estuvieron y están ahí para mí. Me he atrevido a hacer cosas que nunca imaginé, he reído y he llorado, me he emocionado y he comprobado lo bien que se siente ser uno mismo. Escuchar las vivencias de los países de cada una de las personas que conocía ha sido como viajar por momentos a otros lugares y aprender cosas que no se encuentran en los libros de geografía. No puedo poner en palabras todo lo que siento cuando recuerdo lo vivido desde marzo hasta ahora, convivir con estas almas tan únicas y espontáneas ha sido una de las mejores experiencias que me ha pasado, y sólo puedo decirles a cada uno de ellos: Gracias. 

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Lo que más me gusta es que la mayoría se quedará en Zagreb, a los que no los extrañaré un montón. Y aunque nunca será lo mismo, estoy feliz por la oportunidad que tuve de conocerlos. Ellos son: Walter (Suecia), Germán (Uruguay), Nawar (Irak), Tibo (Francia), Francesca y Matteo (Italia), Sandra y Sara (Siria), Sebastian y Martyna (Polonia), Roberto y Marcela (Chile), Leah (Alemania), Rosana (Venezuela), Toma (Canadá) y Kara (Taiwan). Y claro, gracias a nuestra profesora Marica por todo lo aprendido este semestre. 

Cuando el mundo se detuvo

– ¿Qué quieres? – le preguntó ella.
– Quiero una segunda oportunidad, quiero hacer algo bien. – le contestó.
– No sé cuántas segundas oportunidades nos hemos dado. Empiezo a dudar si vale la espera, simplemente ya no sé qué esperar.

Estaban los dos de pie, mirándose a los ojos, ella veía en sus ojos todo el dolor que quería curar y toda la esperanza que quería sentir, no entendía como él lograba que todo desapareciera con sólo mirarlo. Él la miraba y le dolía ver su decepción, sólo quería encontrar las palabras exactas para hacerle entender que no le haría más daño, que todo era un error, que quería hacerla la mujer más feliz del mundo. Pero se quedó callado, mientras su desesperanza aumentaba. Ella no iba a permitir que la viera llorar, no ahora, no por él. Con un dolor que no había sentido antes, como si una bala hubiera atravesado su corazón, se dio media vuelta, con mil ideas en su cabeza y su alma destrozada.

Sin percibirlo una fuerza la regresó a su sitio, él había tomado su cintura y la acercó. No sabía en qué momento lo pensó, pero se sentía tan bien tenerla cerca, sentir el aroma de su cabello, dulce y tan fascinantemente ella. Estaba tan cerca de ella, que sentía el latido de su corazón cada vez más fuerte, y se mezclaba junto con el suyo. Fue en ese instante, teniéndola cerca, abrazado a su cintura, que las palabras salieron, no de sus labios, sino de su corazón.


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– Eres lo último que pasa por mi mente al dormir, suelo contigo, despierto pensando en ti. He tratado de todas las formas humanamente posibles de alejarte porque no te merezco. No merezco tu tiempo, no merezco que estés aquí, pero no puedo sin ti. Voy a complicar tu vida, pero te voy a amar como nunca nadie lo hará. Haces que yo haga y diga todo lo que pensé que jamás podría sentir. Eres una luz, eres una energía inmensa y has llegado cuando no quería pero más necesitaba y…

No sabía que más decirle, sólo sabía qué hacer. Tomó su rostro, su piel era tan cálida. Podía ver cada lunar que la adornaba, su cabello castaño y rebelde, sus labios rosa tan perfectos como si hubieran sido dibujados por el mejor artista de todos los tiempos. Aparto uno por uno cada rizo para poder admirar su belleza una vez más. Ella sintió sus frías manos en sus mejillas, lo tenía tan increíblemente cerca. Podía ver su rostro tan perfecto, sus ojos café que hacían que se pierda en sus pensamientos, enmarcados por sus pestañas tan largas. Su piel era tan blanca como el mármol, con un pequeño rubor en las mejillas, casi imperceptible por su barba, la que le daba el aspecto de incomprendido, volvió a ver el chico que la cautivó desde el primer momento. ¿Cómo podían sentir tanto? Sus corazones iban a explotar en miles de pedazos…y de repente el mundo se detuvo, se apagaron todas las luces de la tierra, sintieron que la sangre corría por sus venas y que sus latidos tomaban un mismo ritmo.

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La besó, no sabía cuánto lo deseaba hasta que pasó. Y ella lo besó, tantas veces había imaginado cómo se sentiría, pero nunca habría podido describir todo lo que en ese momento pasaba por su cuerpo. No esperó nunca sentir pequeñas estrellas en sus venas, chispas saltando de emoción tras cada segundo que pasaba. Y se besaron como nunca habían besado a nadie, se besaron con sus almas desnudas, entregándolo todo. Se besaron porque era lo único que podía salvarlos, porque era la única respuesta a tantas preguntas. Se besaron compensando todo el tiempo que habían divagado por el mundo, soñando con encontrarse y vivir ese momento. Se besaron sin palabra que los interrumpiera, porque cuando el amor se siente, las palabras sobran. Se besaron y comprendieron en ese momento todo lo que habían vivido, porque cada error y cada acierto los había llevado a coincidir en la vida. Se besaron olvidando quienes son, porque desde ese momento sabían que para siempre serían solo uno.

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No me digas “te amo”

Cuando te encuentre y me encuentres, cuando abra los ojos y lo primero que vea seas tú, cuando prepare no una sino dos tazas de café, no me digas “te amo”. No me lo digas porque no quiero escucharlo, quiero sentirlo y creerlo. 

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No me digas “te amo”, abrázame tan fuerte como si nunca más lo fueras a hacer. Dame la mano al andar, porque así puedo sentirme completa. Enreda tus dedos en mi cabello, me encanta cuando juegas y me despeinas, así como ya me despeinaste el alma. Mírame a los ojos y sonríe, me fascina tu sonrisa. Discute conmigo cuando me olvide de grabar tu programa favorito, para luego llenarte de besos hasta que me disculpes.

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No me digas “te amo”, llámame en la madrugada sólo para escuchar mi voz, sabes que me encanta oír la tuya. Come mi último pedazo de chocolate, no me va a importar, pero te haré creer que sí para que me prometas un millón de besos y otro chocolate mas. Déjame contar malos chistes, sé que aunque quieras esconderlo romperás a reír y tu risa es mi adicción. 

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No me digas “te amo”, abrázame cuando no sepas que hacer para consolarme, abrázame cuando tengas miedo, abrázame cuando quieras sentirme más cerca, sólo abrázame porque yo siempre te abrazaré. Ábreme la puerta del auto al salir, no es que yo no pueda hacerlo, es que me encanta que estés tan cerca tan rápido. Bésame mucho cuando estés celoso por el chico que me miró un segundo de más, porque cuando me beses entenderás una vez más que mis besos son sólo y para siempre tuyos, porque son tus labios los que para siempre quiero besar.

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Y si luego de todo, aun quieres decirlo en palabras, dímelo con palabras que salgan de lo más hondo de tu ser, de esa parte de tu alma que sólo yo conozco. Dímelo aunque sepas que no es necesario, porque yo ya lo sé. Dímelo porque sabes que escucharás un “yo también”. Dime “te amo” con el brillo de tus ojos y los latidos de tu corazón. Dime “te amo” con tu sonrisa, con cada suspiro y con cada beso. 

Perdida

No olvidaré el día que me pasó. Una noche de invierno, estaba en el gimnasio y  por mi mente pasaban todas las cosas malas que me habían pasado ese año…y se cerró mi pecho, no podía respirar, los ojos se me llenaban de lágrimas, literalmente no podía respirar y no era producto del ejercicio. Se llama ataque de pánico.

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Siempre recordaré el 2012 como un año “negro”, todo me salía mal. Se suponía que debía ser un nuevo inicio, había terminado la universidad, por fin iba a hacer lo que más quería, podría estudiar teatro, había ingresado a una de las escuelas más prestigiosas de Nueva York…Sin embargo estaba pasando todas las tarde viendo televisión, serie tras serie, película tras película, no tenía ganas de nada, quería que sea de noche para dormir y no pensar, que los días pasen y pasen. Creo que lo peor que nos puede pasar como seres humanos es perder las ganas de vivir, de disfrutar los días, y yo lo estaba perdiendo todo. No lloraba, no decía nada, pero sentía que todo lo que había hecho hasta ese momento no había servido de nada, era desesperante no lograr lo que quería y saber que llega un punto en el que no depende de ti, que no importa cuánto luches y luches, hay veces que no obtienes lo que buscas.

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Fue en ese momento que me perdí, perdí el norte, no sabía qué quería de la vida. Creo que nunca me he sentido tan pequeña e insignificante en el mundo. Estaba en el suelo, y cuando empezaba a levantarme, llegaba otra cosa y me volvía a tumbar. Siempre he sido sentimental, lloro por todo, pero ese año lloré las lágrimas más amargas de mi vida. Sentí la desesperanza, desilusión y desesperación en cada milímetro de mi cuerpo. La chica alegre y positiva que todos conocían, que yo conocía, se estaba desvaneciendo y sentía que no podía hacer nada, lo peor era que nadie se daba cuenta y yo no hablaba. Era como si en cada paso que daba pedazos de mí se iban perdiendo y no lograba recuperarlos, estaba tocando fondo, más abajo de lo que pensé que existía. No quería aceptarlo, no quería psicólogos ni psiquiatras, quería yo sola salir de eso. Y creo que ha sido lo mejor que me ha pasado, es en ese momento, cuando estás tan abajo que no sabes cómo vas a salir, ese instante en el que crees que todo está perdido, que recuerdas que es más oscuro antes del amanecer. Empecé a librarme de las personas con mala vibra que me rodeaban, me convencí de que dejar algo que no te permite crecer no es rendirse, es simplemente buscar otros caminos. Y principalmente me di cuenta que lo que no depende de uno mismo, es eso, algo ajeno a nosotros, y hay que dejarlo ir. No dejar ir nuestros sueños, eso está prohibido, pero debemos aprender a dejar ir algo para que venga otra cosa mejor.

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Podemos luchar y luchar, y eso es excelente, es lo que siempre debemos hacer, pero cuando algo no sale como deseamos no nos podemos quedar viendo a la puerta que se cerró. ¡Hay ventanas que se están abriendo detrás y las lágrimas no te dejan verlas! Vas a caer y llorar, vas a sentir que no sirves para nada, pero luego vas a mirar arriba y levantarte y vas a recoger los pedazos de tu corazón, todos tus sueños rotos, los unirás y volverás al ruedo. Pero no volverás debilitada de la caída, estarás recuperada y con más fuerza, porque sabes lo que te espera. Debemos aprender de todo lo que nos ocurre y fijarnos en el presente. Nos pasamos la vida lamentándonos de lo que hicimos o no hicimos, esperando a que mañana pase algo que deseamos, y ¿qué vivimos hoy? Cada segundo cuenta, sólo tenemos una vida para ser feliz.

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Poco a poco empecé a recuperar la confianza en mí misma, pude sonreír de verdad, ya no era una máscara, me estaba sintiendo feliz de nuevo. Por momentos pienso en ello, y literalmente veo una luz al final del túnel, no tengo otra forma de explicarlo. Desde el día que sentí que había retomado las riendas de mi vida, que sentí que estaba lista para intentarlo de nuevo, decidí no tumbarme otra vez. No es que nunca me sienta mal, no tengo todo resuelto, hay días que ni sé lo que hago, pero decidí no rendirme. Quiero dar todo de mí y sé que si algo no pasa, es porque viene lo mejor. No estaría donde estoy si no hubiera estado tan deprimida y perdida hace casi tres años. Peor aun, no sería la persona que hoy soy. Más bonito es un libro con borrones, páginas arrugadas que han vuelto a ser leídas, un poco de tierra de todas las veces que se ha caído. Son las cicatrices que muestran que la vida fue disfrutada al máximo, cómo un libro cuando es asombroso.