Carta a un(a) hermano(a)

Querido(a) hermano(a):

¿Sabes qué? Lo primero que diré es que agradezco a Dios por haberte puesto en mi vida. Tal vez no nos una la misma sangre, o tal vez sí o a medias, pero somos herman@s, de eso no hay duda. Crecimos lado a lado, jugamos todas las tardes, primero eras mi pequeñ@ herman@, ahora eres más grande que yo, y la diferencia de edad ya ni se nota.

Quiero que sepas que siempre serás quien todo lo puede y todo lo logra. Una de las pocas personas que logra alegrar mi día con cada chiste, cada broma o comentario inadecuado. Quiero que recuerdes que la vida está hecha de pequeños momentos, de cada memoria que tu corazón puede guardar. No todo es contable, la felicidad no se puede medir, sólo se puede sentir. Muchas veces la felicidad no va a estar reflejada en la nota de un examen sino en las tonterías que hiciste la noche anterior, cuando te negabas a estudiar. Quiero que me prometas que siempre vas a ser tú, sin importar lo que otros piensen, no vas a dejar que pisoteen tu forma de pensar, de ver la vida, de andar en el camino. Quiero pedirte que no te encierres en una sólo forma de ver la vida, porque no todo es blanco o negro, hay muchos matices, y hay oportunidades increíbles cuando las cosas salen de nuestras manos y simplemente nos dejamos llevar. Quiero, principalmente, que nunca pierdas el brillo de tus ojos cuando hablas de las cosas que amas hacer. Esas pasiones que hacen que seas tú, que te hacen únic@. Nunca dejes de creer, de soñar, de dar y amar sin importar recibir. Quiero que confíes que todo pasa por algo, y que muchas veces debemos aprender de ese “algo”.

Quiero que sepas que está bien llorar, limpiar el alma, voltear la página y empezar de nuevo. Pero empezar de cero, aprendiendo de los errores y creciendo un poquito más después de cada caída. Quiero que te aloques, que te pierdas en el camino, porque es la única forma de regresar y saber poco a poco lo que está bien y lo que está mal. Quiero que te arriesgues a seguir tus instintos, hay razones que sólo el corazón puede entender, hay decisiones en las que la razón no se debe meter. Quiero que no te olvides de Dios, Él siempre está ahí para ti, conversa con Él, te escuchará y dará paz a tu alma. Quiero que siempre sonrías, que cada vez que mires hacia atrás, veas que todo lo que has llorado y reído, lo que has vivido y amado, todo te ha hecho más fuerte, te ha formado y convertido en quien eres hoy. Quiero que nunca dejemos de tener esas conversaciones raras, en las que me hablas de escribir pintando, que cada quien tiene su forma de expresarse; esas conversaciones que salen del alma y quedan para siempre. Quiero que abras tus alas y vueles, un poquito siguiendo el mapa, y luego des unas vueltas, que te caigas y te levantes y sigas adelante. Quiero que te desesperes cuando no sepas por qué pasa algo, para que luego recuerdes que los puntos se unen mirando hacia atrás, puede que ahora no entiendas lo que pasa, pero después lo harás, y te darás cuenta que todo tenía un porque.

Quiero que recuerdes que te amo mucho, que nunca cambiaría tu presencia en mi vida por nada del mundo y que Dios sabía lo que hacía cuando nos juntó en el mismo camino. El mundo necesita de nuestras locuras y risas. Gracias por alegrar mi vida, gracias por demostrarme tu amistad, gracias por preocuparte por mí, gracias por resondrarme, gracias por enojarte, gracias por quererme, gracias por ser tú.